miércoles, 23 de mayo de 2012
Fabula Ancestral
El otro día fui a ver La Bella y La Bestia 3D. Amo esa película. Amo ese musical y me sé los diálogos de memoria. Siempre quise ser la Bella. En inglés es Belle, y se pronuncia Bel, así que siempre creí que era yo. Además es una de las pocas princesas de Disney castañita con ojos marrones, como yo.
Podría verla siempre, Disney y tu mundo maravilloso que nos hace creer que todas somos princesas. Y rememorando mis épocas en donde esta película y La Sirenita eran parte del top five, me acordé de que muchas, muchísimas chicas optaban, en sus quince, disfrazar a su hermano/papá/tío de la bestia para que entre a bailar el vals con ellas. Una mersada total, sabiendo que los muñecos que aquí y aún se alquilan tienen muy poco parecido con la versión de Walter Disney. Pero sí, era furor y no sé si sigue siendo, no sé si se sigue usando la fiesta de quince, sé que están carísimas y que las pibas de hoy son más vivas en administrar el dinero de sus padres.
En la época que yo cumplí 15, muchas otras compañeras también cumplían. Era una época en que cada fin de semana (o fin de semana por medio) tenías una fiesta. Eran los primeros acercamientos de ir a bailar, de arreglarse, de pasar la noche fuera de casa bailando hasta el amanecer.
Mis quince fueron lindos, hoy por hoy me arrepiento de no haber elegido el viaje, obvio, me meto en el culo mi vestido (alguna que otra vez lo he usado para actuar), los zapatos, la fucking moda que una tiene a los 15 años y demás.
Mi fiesta fue una de las últimas, en el salón más top, cliché y grasún de Villa Ballester: "Eclipse". Fue medio a las corridas porque creía que quería un viaje, pero a último momento decidí que quería ser estrella y que todo gire a mi alrededor por una noche. Tenía lo último en invitaciones, pantalla gigante cuando no era tan común verlas, proyectando fotos de mi vida (mi corta vida de quince), y videos que estaba de moda hacer, un videoclip gracioso y cool que deje bien a la cumpleañera y que entretenga a los asistentes en las eternas fiestas.
Había fotos mías por doquier. Chiquitas y grandes y un cuadro gigante con una foto. Pocas pude elegir, porque las cámaras profesionales no eran digitales sino de rollo, y en las muestras había salido el 80% con los ojos cerrados por el flash. Freddy, mi fotógrafo (por qué todos los fotógrafos se llamaban Freddy o Charly o Willy?) para la fiesta trajo un truco para que no salir como dormida en todas las sesiones, aunque en varias cerraba igual. Esto último me traumó de por vida, es el día de hoy que si tengo una sesión de fotos aclaro que no usen flash, que siempre salgo con los ojos cerrados aunque no sea tan así.
Siempre fue competencia (aunque sana), quién tenía la mejor fiesta, el mejor salón, el mejor vestido. En qué fiesta les camuflaban alcohol a los pibes y cual no. En cual era más copado el dj o había mejor efecto. Si la comida estaba buena, si había show de pastas o de pizzas, si la mesa dulce era abundante, si el cotillón era innovador o se veía que no hubo presupuesto, si te sentabas con amigas o con tu familia.
Yo me senté con mis amigas. Hoy por hoy veo a pocas de esa mesa, aunque en ese momento eramos todas re amis. Dí velas, las quince velas. Agrupé a la gente en cada vela, escribí unas palabras para cada grupo en una cartulina fucsia, porque todos los centros de mesa y detalles de mi vestido eran de ese color. Las velas mas importantes fueron para mis padres, mis abuelos y mi hermanito, que en ese momento era una pulga.
Pero a pesar de mi fanatismo, nunca NUNCA se me ocurrió disfrazar a alguien de la Bestia para mí, era más que un lindo vestido y una historia de amor. Igual, me sentí una princesa.
viernes, 18 de mayo de 2012
Menstruañol
Me duele la panza, todo es terrible tan terrible. Los odio a todos soy una pelota, tengo una uña mocha y mi pelo es un horror.
Lo que más desearía en el mundo es comprarme unos zapatos y que te conectes al facebook. No sé que onda si me bloqueaste o qué pero no te veo conectado.
Subo frases y videos para demostrar mi dolor, para mostrar mi postura con que la vida no tiene ningún sentido.
Me conecto y desconecto para llamar la atención, pero si me hablan tardo en contestar y digo que no estaba en la compu.
Le contesto mal a las vendedoras, estoy mirando, no me molestes, es horrible esta ropa, cuando en realidad no me compro nada porque no tengo un peso.
Envidio a todas las bien vestidas que van y vienen por esta puta ciudad deseando sus zapatos, sus carteras, sus jeans.
Insulto a los publicistas que crearon la campaña de menstruañol, yo no hablo ese idioma, yo hablo español, ponele inglés, pero no menstruañol, dejen de hacer quedar a las mujeres como boludas.
Lloro y lloro y me río y lloro porque me salen solas las lágrimas y después me río me reviento un grano y lloro.
Para calmarme no necesito ni alcohol ni drogras, solo una botella de coca cola. Me tiento con un cuarto de libra que pueda saciarme. Me compro un doble cuarto de libra esperando saciedad y no, no hay nada. Me como un alfajor, nada. Me como uno, dos, tres sandwichs de miga seguidos y aún no tenemos nada. Me ducho me ducho me ducho y me vuelvo a duchar hasta que mis músculos se relajan. Bendita seas agua. No entiendo que me pasa, qué insoportable, perdón, perdonenmé, no sé que me pasa, no soy así generalmente, lo que pasa es que no sé que me pasa, bueno, en realidad creo que sí sé que me pasa.
Perdón, es que me está por venir.
Lo que más desearía en el mundo es comprarme unos zapatos y que te conectes al facebook. No sé que onda si me bloqueaste o qué pero no te veo conectado.
Subo frases y videos para demostrar mi dolor, para mostrar mi postura con que la vida no tiene ningún sentido.
Me conecto y desconecto para llamar la atención, pero si me hablan tardo en contestar y digo que no estaba en la compu.
Le contesto mal a las vendedoras, estoy mirando, no me molestes, es horrible esta ropa, cuando en realidad no me compro nada porque no tengo un peso.
Envidio a todas las bien vestidas que van y vienen por esta puta ciudad deseando sus zapatos, sus carteras, sus jeans.
Insulto a los publicistas que crearon la campaña de menstruañol, yo no hablo ese idioma, yo hablo español, ponele inglés, pero no menstruañol, dejen de hacer quedar a las mujeres como boludas.
Lloro y lloro y me río y lloro porque me salen solas las lágrimas y después me río me reviento un grano y lloro.
Para calmarme no necesito ni alcohol ni drogras, solo una botella de coca cola. Me tiento con un cuarto de libra que pueda saciarme. Me compro un doble cuarto de libra esperando saciedad y no, no hay nada. Me como un alfajor, nada. Me como uno, dos, tres sandwichs de miga seguidos y aún no tenemos nada. Me ducho me ducho me ducho y me vuelvo a duchar hasta que mis músculos se relajan. Bendita seas agua. No entiendo que me pasa, qué insoportable, perdón, perdonenmé, no sé que me pasa, no soy así generalmente, lo que pasa es que no sé que me pasa, bueno, en realidad creo que sí sé que me pasa.
Perdón, es que me está por venir.
miércoles, 9 de mayo de 2012
Y vas en ese colectivo que te lleva a hacer trámites, a tu trabajo, a estudiar, o en el mejor de los casos a tu casa. Dependiendo la hora vas cómodo o incómodo. Aunque vayas sentada, hay veces que viajas mal, como por ejemplo el asiento de atrás, el que no tiene nada adelante. Temes por tu vida y tus dientes, temes irte de boca al piso y decirle "Hola, qué tal?" al chofer, desde abajo, claro.
Nadie es tu amigo ahí, más bien es una guerra. Señora, tiene menos de 60, tranquilamente puede ir parada, ese asiento es mío ni bien de desocupe. El señor mayor, lo que tiene de grande lo tiene de caballero así que matanga que me levanto a darle el asiento. "A ver un asiento para la señora que tiene un bebe!", hombres que se hacen los dormidos, los que no la vieron. Señoras que critican a esos muchachos y dicen que ya no existen caballeros, pero el señor de sesentaylargos sentado ni se inmutó.
Señoras mal vestidas, señores con el pantalón muy alto. Chicas lindas que miran chicos normales de una punta a otra. Fashionistas que hacen equilibrio en sus tacos altos cuando el bondi dobla. Sporties que van al gym con zapatillas nike, calzas y la campera anudada en la cintura.
Frases en los colectivos: chistes absurdos y antiguos, noticias buenas y malas. BRUTAL ASESINATO EN GBA e inmediatamente después DISFRUTE DE SU VIAJE, carita feliz.
Hombres en traje hablando por blackberry planeando una cita o un after office. Mujeres peleando con sus maridos por nokia c3 o preguntando qué cocinar.
Chicas de treintaypico con el pelo frizzado mirando el facebook desde su smarthphone mientras una señora la mira mal, porque tiene una bolsa grande y cree que ese es el único pretexto para ocupar su asiento. Chicas como una, que se niegan a pagar 2,50 el subte, contestando mensajitos de amor, que tiene un blog y observa las acciones ajenas, hasta en los medios de transporte.
jueves, 3 de mayo de 2012
Me levanto descalza, descalza. Miro al balcón y sigo caminando,
descalza. Siento el frío del piso en las plantas de los pies. Llego al balcón y
siento el frío de la brisa que se siente porque es alto y hay un mar, hay un
mar enfrente. Siento el viento y la brisa que me despeinan y me dan frío en los
pies, también. Un frío incómodo en los pies, no tanto en el pelo o en la
cabeza. Me siento en cuclillas aunque sé que hay una silla, me siento en
cuclillas y mis pies quedan en puntita. Pienso en mi empeine y de pronto el
frío de los pies se pasa a mis talones levantados. Un concierto de barcos y
otras cosas desafinan a lo lejos. Hay
olor a mar, mar de puerto y no de playa. Olor a pescaditos. Hay containers de
importación acumulados en el muelle con vaya a saber qué cosas. El cuarto es
celeste, la casa es blanca. El acolchado de la cama tiene dibujos de florcitas
o algo así. Es una cama cómoda, venía acostumbrada a cama no tan cómodas. La
almohada es acolchonada y suave. En un rincón del balcón mi novio se toma una
cerveza. Una cerveza de latita porque acá están más baratas que en Buenos
Aires. El ascensor que nos lleva debajo, más al centro cerró. Hoy nos quedamos.
Esta casa tiene paz y el baño está tapado. Entro al cuarto a buscar una mesita.
Una mesita plegable blanca de madera, para comer en el balcón unas empanadas
gigantes de mariscos y camarones. El color de mi esmalte de uñas está
desquebrajado. Tengo pelos en las piernas y mis pies están quemados con marcas
de la sandalia. Mi pelo no es el mejor, tengo varios kilos de más de más de los
que tenía ya antes, en Buenos Aires. Uso siempre el mismo vestido y no uso
corpiño, me cuesta subir escaleras y la menstruación me cambia el humor, pero
estoy descalza, y nunca fuí más feliz.
lunes, 2 de enero de 2012
Egoísmo
Quería hacer un balance del año pasado pero por problemas técnicos con el blog no pude hacerlo, y la verdad que hacerlo cuando ya es el año nuevo no tiene sentido. Lo único que quiero decirles es gracias a los que me leen, los nuevos, los viejos, los conocidos. Fue un 2011 sumamente positivo y espero que el 12 sea mucho mejor, brindo por eso!. Ahora sí, sigamos con el blog.
Egoismo
Todos decían como era. Que era insoportable, que era egoísta, mala gente. Ella no lo creía. Lo veía bueno, dentro de todo. Un poco pesado quizás, un poco egocéntrico quizás, pero egoísta y mala gente, nunca. Ella le creía todo lo que le decía. Creía sus aventuras, sus consejos. Creía que en algún momento iban a estar juntos sin esconderse.
Una noche como tantas otras salían, bailaban, tomaban. Se escondían para darse besitos en el baño o en la vereda. Eran casi adolescentes, ella estaba feliz con esos jueguitos sin darse cuenta que en realidad, la ocultaba. Esa noche no fue la excepción. Se fueron juntos, claro que no "juntos" sino que primero salió uno y luego el otro. Se encontraron en la esquina. Juntos tomaron un taxi, en el taxi se besaron bastante, tanto que no dieron mucho tiempo a la charla. En un momento que se separaron, ella sintió algo raro, como que se había sentado arriba de algo. Metió su mano por debajo de su cola y encontró un iphone. Creyó que era de él, claro, el es de la generación bananas con smartphones, así que se lo dió diciendole -como pudo- algo así como: "se te cayó el iphone.. la próxima me lo quedo". Él la miró sorprendido, agarró el celular y lo escondió. Claro, tenía experiencia en esconder cosas. Llegaron a su departamento piratón y mientras subían le dijo al oído que no era suyo, que ella lo había encontrado en el taxi, ella se lo pidió pero èl no se lo quiso devolver. En lugar de seguir besádose y pasar a otros placeres, se quedaron vario rato revisado el aparatejo: los mensajes, las fotos, etc. Intentó adornarla y halagarla haciéndole creer que ella es así, tiene otro nivel, que no se encuentra un nokia 1100 ni un alcatel trucho, se encontró un Iphone, ese celular que ella siempre anhelo pero no tenía los recursos -que el sí tenía- para comprarselo. Aún así, se lo quedó. Prometió devolverlo a su dueño o venderlo y donarlo a alguna entidad de niños. "¡Qué buena gente es!" pensó ella, cansada de escuchar a otros hablar sobre su maldad cuando en realidad no le importa la plata, ni la tecnología, ni nada de eso. Se fue a su casa tranquila, porque el hecho no iba a trascender ni tenía que dar explicaciones de dónde lo sacó, de quién era, y no iba a cargar con la culpa. Él se iba a encargar de eso, él iba a llevar esa mochila y se iba a hacer cargo de lo que sea necesario para encontrar al dueño de ese celular o hacerlo pan para los carenciados.
Era su ídolo. Arriesgarse de esa manera por ella le hizo pensar que era el momento de dar el paso, de llevar la relación a un plano más, el momento de dejar de esconderse con sus amigos y el mundo, el momento del amor.
Hasta que él empapeló el facebook, twitter y toda red social con su foto con dos celulares -el de él y el perdido-, se acreditó haberlo encontrado, y se lo vendió a un amigo.
Ella no dijo nada, claro, porque a diferencia del iphone, estaba a escondidas.
Egoismo
Todos decían como era. Que era insoportable, que era egoísta, mala gente. Ella no lo creía. Lo veía bueno, dentro de todo. Un poco pesado quizás, un poco egocéntrico quizás, pero egoísta y mala gente, nunca. Ella le creía todo lo que le decía. Creía sus aventuras, sus consejos. Creía que en algún momento iban a estar juntos sin esconderse.
Una noche como tantas otras salían, bailaban, tomaban. Se escondían para darse besitos en el baño o en la vereda. Eran casi adolescentes, ella estaba feliz con esos jueguitos sin darse cuenta que en realidad, la ocultaba. Esa noche no fue la excepción. Se fueron juntos, claro que no "juntos" sino que primero salió uno y luego el otro. Se encontraron en la esquina. Juntos tomaron un taxi, en el taxi se besaron bastante, tanto que no dieron mucho tiempo a la charla. En un momento que se separaron, ella sintió algo raro, como que se había sentado arriba de algo. Metió su mano por debajo de su cola y encontró un iphone. Creyó que era de él, claro, el es de la generación bananas con smartphones, así que se lo dió diciendole -como pudo- algo así como: "se te cayó el iphone.. la próxima me lo quedo". Él la miró sorprendido, agarró el celular y lo escondió. Claro, tenía experiencia en esconder cosas. Llegaron a su departamento piratón y mientras subían le dijo al oído que no era suyo, que ella lo había encontrado en el taxi, ella se lo pidió pero èl no se lo quiso devolver. En lugar de seguir besádose y pasar a otros placeres, se quedaron vario rato revisado el aparatejo: los mensajes, las fotos, etc. Intentó adornarla y halagarla haciéndole creer que ella es así, tiene otro nivel, que no se encuentra un nokia 1100 ni un alcatel trucho, se encontró un Iphone, ese celular que ella siempre anhelo pero no tenía los recursos -que el sí tenía- para comprarselo. Aún así, se lo quedó. Prometió devolverlo a su dueño o venderlo y donarlo a alguna entidad de niños. "¡Qué buena gente es!" pensó ella, cansada de escuchar a otros hablar sobre su maldad cuando en realidad no le importa la plata, ni la tecnología, ni nada de eso. Se fue a su casa tranquila, porque el hecho no iba a trascender ni tenía que dar explicaciones de dónde lo sacó, de quién era, y no iba a cargar con la culpa. Él se iba a encargar de eso, él iba a llevar esa mochila y se iba a hacer cargo de lo que sea necesario para encontrar al dueño de ese celular o hacerlo pan para los carenciados.
Era su ídolo. Arriesgarse de esa manera por ella le hizo pensar que era el momento de dar el paso, de llevar la relación a un plano más, el momento de dejar de esconderse con sus amigos y el mundo, el momento del amor.
Hasta que él empapeló el facebook, twitter y toda red social con su foto con dos celulares -el de él y el perdido-, se acreditó haberlo encontrado, y se lo vendió a un amigo.
Ella no dijo nada, claro, porque a diferencia del iphone, estaba a escondidas.
miércoles, 14 de diciembre de 2011
Fideitos para guiso
Aún hoy me parece extraño no verlo. Me parece raro pasar por la esquina de la casa sin pasar un rato. Aún hoy y aunque pasaron tantos años me sigo acordando de su risa, de sus chistes, de su radio y su pelopincho del verano. Me sigo acordando el gusto de los fideos gnocchi (que eran los únicos que me hacía) en los platos blancos de lata, de el juego de las manos que hacíamos y de que a dos gatos les puso Benito.
Pasaron años, varios. Las leyes de la vida nos separaron cuando yo todavía era una púber, no estuviste en mis 15, en mi egreso, ni en otros momentos importantes, así que me acostumbré a no tenerte. Cuando a veces no te recuerdo o me olvido una fecha, pasan cosas como me pasaron ayer, que te soñé, soñé con escribirte, con que leías lo que te escribía y entre lágrimas dormida me dí cuenta lo mucho que te extraño, cómo me gustaría tenerte acá. Quedó en un sueño, claro, de esos que son muy reales pero al otro día te levantás y no te acordás bien qué soñaste.
Anoche haciendo las compras en coto, entre góndola y góndola ví algo que hacía muchísimo no veía. Las cosas pasan por algo, creí siempre. Y yo creo que me mandaste una señal. En la góndola de los fideos, los primeros que ví fueron los gnocchis que siempre me comprabas, de la única marca que creo que existe y en oferta. Los compré, comí guiso de fideos y se me cayeron un par de lágrimas en el Coto, y mientras escribo esto. Yo también te extraño, Papi Beto.
Pasaron años, varios. Las leyes de la vida nos separaron cuando yo todavía era una púber, no estuviste en mis 15, en mi egreso, ni en otros momentos importantes, así que me acostumbré a no tenerte. Cuando a veces no te recuerdo o me olvido una fecha, pasan cosas como me pasaron ayer, que te soñé, soñé con escribirte, con que leías lo que te escribía y entre lágrimas dormida me dí cuenta lo mucho que te extraño, cómo me gustaría tenerte acá. Quedó en un sueño, claro, de esos que son muy reales pero al otro día te levantás y no te acordás bien qué soñaste.
Anoche haciendo las compras en coto, entre góndola y góndola ví algo que hacía muchísimo no veía. Las cosas pasan por algo, creí siempre. Y yo creo que me mandaste una señal. En la góndola de los fideos, los primeros que ví fueron los gnocchis que siempre me comprabas, de la única marca que creo que existe y en oferta. Los compré, comí guiso de fideos y se me cayeron un par de lágrimas en el Coto, y mientras escribo esto. Yo también te extraño, Papi Beto.
lunes, 5 de diciembre de 2011
Cry baby
Y qué pasa si te digo que me duele, que me lastima?. Qué pasaría si te invito a que entres a mi cabeza y te fijes lo que pienso porque no me salen las palabras para decirtelo, para contártelo?. Quiero que las lágrimas sean de mentira, de actriz, de risa. La cabeza explota y lo único que piensa es en apagarse por un rato, de no pensar más. Y llueve o está a punto e hacerlo, hago llorar al cielo para que entiendas que estoy triste, que ya no me entiendo ni entiendo nada. Y veo gris, como el cielo, como las nubes.<em> Y lloro, siempre termino llorando.</em>
domingo, 4 de diciembre de 2011
Todo un inmenso jardín...
Una vez me dejaron plantada en el Abasto. Un chico que me encantaba, fué y como llegué un rato más tarde se fué y me dejó plantada. No me avisó al celular, nada. Llegué, lo esperé 30 minutos y cuando lo llamo el ya había planeado una cena con sus amigos. Lloré, lloré mucho. Me hice 50 minutos de viaje para verlo y el se fué. No había pasado nada con él, y me dejó plantada. Le grité por teléfono, le dejé mensajes gritando, dí pena y bronca al mismo tiempo. Daba pena, caminaba por Corrientes con lágrimas en los ojos y cara de loca. Me fuí a ciber que había al lado de Azucar Almagro y le mandé un mail diciéndole lo forro que era, que cómo me había dejado plantada. Volví al shopping, esquivando a Barney y a Spiderman de la puerta, intenté calmarme y me volví a mi casa.
Pasó el tiempo, no hablamos más, hasta que de un día para el otro volvió. Hablamos, perdones, cosas que pasan, y volvimos a fijar un punto de encuentro, esta vez, era Amerika, el boliche gay. Nos encontramos, finalmente ahí. Cuando nos vimos nos quedamos hablando un rato, él se encontró a una chica, no sé quién era esa chica, la saludó y se quedó hablando, lo cual me dió celos y me fuí a dar una vuelta. Cuando volví, recibí una explicación sobre que la chica no era más que una amiga y que no me ponga celosa. Y en la barra donde daban el champagne, nos dimos un beso, el primer beso. Ese fué el primero de muchos otros besos que nos dimos.
La primera vez que estuvimos juntos fué en su casa, fué una cena especial, esas cenas que sabés que son únicas, una cena cursi. Una cena con velas, sushi y champagne. Yo tenía una bombacha amarilla y blanca, comprada especialmente para la ocasión que me hacía juego con la flor amarilla que tenía en el pelo. La primera vez fué ideal. La química fué ideal.
Pasó el tiempo, pasaron las salidas, el verse muchas veces a la semana, compartir recitales, lugares, amigos. Llamadas interminables por teléfono, frases: "sos tan linda, vos me vas a romper el corazón a mí", y yo me reía. Pasaron las peleas, bipolaridades, peleas, mas peleas, reconciliaciones, te quiero, no te quiero, quiero estar solo, quiero estar sola. Siempre volvíamos. Las palabras no tenían peso, las peleas tampoco. Siempre volvíamos.
Hasta que no volvimos más. Basta, era un basta de verdad. Pero después del basta siempre hay vueltas, vueltas buscando sexo, vueltas buscando la bombacha que te olvidaste aquella vez... vueltas, vueltas por tus amigos en común, vueltas por encontrarte en x lado. Hasta que llegó mi cumpleaños. Un cumpleaños que festejé en el lugar donde nos besamos, en Amerika. Y como Amerika dá para todo, el fué. No sé bien todavía cómo se enteró, podemos decir que me conocía lo suficiente para saber que siempre festejo mi cumpleaños ahí. Llegó solo, solo y borracho. Borracho, solo, arruinado. Un amigo vino a advertirme que estaba. Que estaba solo. Solo, borracho y arruinado, ya lo dije?. Vela derretida, me dijo mi amigo que parecía que tenía en la cara. Yo no estaba sola. Estaba con amigos y con un chico. Lo insulté, lo eché. Me fuí con el chico y el se acercó y me tiró un trago encima, que esquivé, claro. Se quedó merodeando, hablaba con mi amigo, le decía que el chico que estaba conmigo era un gil. Que me había ido a buscar. "Qué te pensás? que te va a esperar siempre a vos?", le dijo mi amigo. Lloré, en mi cumpleaños, en amerika, lloré en el baño, mientras una amiga me consolaba, y un travesti me peinaba. Y otro me decía "No tenés que derramar ni una sola lágrima por un hombre, ni una". Yo tenía unas medias increíbles, que se arruinaron al caerme en medio de la pista. Me fuí. Hablé por msn al otro día, y le dije una frase que nunca pensé que le diría "vos me rompiste el corazón a mí".
Porque las cosas cuando empiezan mal, siempre terminan mal. No es como en las películas.
Y así, Amerika se convirtió en el lugar donde nos vimos por primera y última vez.
lunes, 28 de noviembre de 2011
Summer morning
El calor me tumba. Me tumba de muerta total. Me baja la presión, me pongo más blanca, mucho más de lo que ya soy. Nacha Guevara, Casper total. Para las mañanas está bueno tomar un jugo de naranja recién exprimido o en su defecto un jugo citric. No hay en este momento pero es una meta a cumplir.
Pocas cosas me gustan del calor en sí. Me gustan las noches de verano, dormir con la ventana abierta, poner el ventilador o el aire y dormir tapada igual. Me gusta tomar cerveza en una mesa en la vereda y usar vestidos, comer picadas y tomar helado de granizado y banana, aunque sea muy cliché. Me gusta que en verano está la navidad, y la navidad siempre nos gusta, porque en navidad siempre está todo bien. Me gusta que la calle esté vacía en enero, que todos estén en la costa o repartidos por ahí.
Este año tuve dos veranos, dos calores. Usé más sandalias que botas, más shorts y vestidos que de costumbre. Conozco una señora que vive en verano, que no soporta el invierno, y así va, del verano europeo al verano porteño como si lo friolento se solucione solo con tomarse un avión. Pero ella se lo busca. Yo mas o menos. Un año de verano, con un poquito de frío en el medio y sufriendo más el verano porteño que el europeo. Usando ropa de marcas extranjeras y con el pelo un poquito más largo, tomando mate por las mañanas porque todavía me olvido de comprar jugo o una juguera, dando besos, besotes y piquitos por las mañanas y durante el día me despierto un feriado con ganas de escribir algo lindo (porque lo anterior también lo era pero no tuvo quorum o trajo problemitas no tan menores que se solucionaron con más y más besos), oliendo el perfume de los jasmines de mi mamá, con una gatita saltando en mi cama y mordiendome los pies, y mi amor dandome besos, besotes y piquitos.
viernes, 18 de noviembre de 2011
Chongo profesional
[youtube http://www.youtube.com/watch?v=x8bAlEg3kN0?fs=1]
Hay hombres para todos los gustos, para todas las mujeres. Y también hay muchas mujeres para un mismo hombre.
Nos conocimos hace mucho tiempo, más tiempo del que a una le gustaría. Miro para atrás y me veo tan distinta que me sorprende cruzarlo tan igual. Por alguna razón hablamos cada tanto. Por algún motivo solo estuvimos una vez. Y recuerdo a la perfección esa vez. Creo que nunca ví a nadie tan profesional en el arte de aparentar. Me acuerdo verlo con su equipo de gimnasio y su bolsito adidas, mientras su mujer creía que estaba en el club y estaba revolcándose en algún hotel. Me acuerdo verlo grande, del color de sus ojos y de cómo se modificaban al hablarme de su hijo. Más allá de cualquier juicio a la moral que pueda hacerse, desde siempre tuve detalles de su vida. Siempre hablábamos, recibía sus consejos y algunas críticas hacia mi edad que, justamente, era lo que más le había atraido de mí. Le conté cosas que no había contado o no me animaba a contar. Me reía con sus locuras, con sus perversiones. Porque sí, todo lo que no hacía con su esposa (a la que no tengo dudas amaba), por alguna extraña razón lo hacía con otras... y otros. Desde trios con travestis hasta que le presente amigas rubias y tetonas, pasando por consejos de autoestima y el jardín del nene. De todo eso y más hablábamos. Las charlas que al principio eran sexuales se convirtieron en confesiones y refugios.
La vida nos separó de a poco. La mía cambió, como era natural, pasando de la adolescencia a una joven adultez. La de él no. La anteúltima vez que charlamos me contó que estaba mal. Que estaba enamorado y que su amor era correspondido pero imposible, que no hablemos más del tema y nunca más se lo vuelva a mencionar.
Y no se lo mencioné más. Pero pensé y pensé y repensé las veces que me contó que no sentía nada con otras mujeres, que el amaba a su esposa y pensé y repensé que tal vez era yo, y luego me di cuenta que no, que no era yo, que yo le caía bien, vaya a saber por qué, que le había salido el tiro por la culata con otra mujer, u hombre, ya nada me sorprendía de él. La última vez que hablamos le conté cosas mías, recordamos algunas en común y nos reímos bastante. Y sobre todo me acordé de que no tenía que hablar sobre ese amor, aunque moría de ganas de saber cómo estaba. No volví a encontrar su mirada ganadora, aunque sé que sigue frecuentando antros a horarios de gimnasio y acosando rubias. Pero tengo la seguridad (o tal vez la esperanza) de que solo me lo contó a mí. Pero su fachada de chongo profesional ya no era la misma.
Moraleja: los hombres se enamoran, hasta los soretes cagadores.
Hay hombres para todos los gustos, para todas las mujeres. Y también hay muchas mujeres para un mismo hombre.
Nos conocimos hace mucho tiempo, más tiempo del que a una le gustaría. Miro para atrás y me veo tan distinta que me sorprende cruzarlo tan igual. Por alguna razón hablamos cada tanto. Por algún motivo solo estuvimos una vez. Y recuerdo a la perfección esa vez. Creo que nunca ví a nadie tan profesional en el arte de aparentar. Me acuerdo verlo con su equipo de gimnasio y su bolsito adidas, mientras su mujer creía que estaba en el club y estaba revolcándose en algún hotel. Me acuerdo verlo grande, del color de sus ojos y de cómo se modificaban al hablarme de su hijo. Más allá de cualquier juicio a la moral que pueda hacerse, desde siempre tuve detalles de su vida. Siempre hablábamos, recibía sus consejos y algunas críticas hacia mi edad que, justamente, era lo que más le había atraido de mí. Le conté cosas que no había contado o no me animaba a contar. Me reía con sus locuras, con sus perversiones. Porque sí, todo lo que no hacía con su esposa (a la que no tengo dudas amaba), por alguna extraña razón lo hacía con otras... y otros. Desde trios con travestis hasta que le presente amigas rubias y tetonas, pasando por consejos de autoestima y el jardín del nene. De todo eso y más hablábamos. Las charlas que al principio eran sexuales se convirtieron en confesiones y refugios.
La vida nos separó de a poco. La mía cambió, como era natural, pasando de la adolescencia a una joven adultez. La de él no. La anteúltima vez que charlamos me contó que estaba mal. Que estaba enamorado y que su amor era correspondido pero imposible, que no hablemos más del tema y nunca más se lo vuelva a mencionar.
Y no se lo mencioné más. Pero pensé y pensé y repensé las veces que me contó que no sentía nada con otras mujeres, que el amaba a su esposa y pensé y repensé que tal vez era yo, y luego me di cuenta que no, que no era yo, que yo le caía bien, vaya a saber por qué, que le había salido el tiro por la culata con otra mujer, u hombre, ya nada me sorprendía de él. La última vez que hablamos le conté cosas mías, recordamos algunas en común y nos reímos bastante. Y sobre todo me acordé de que no tenía que hablar sobre ese amor, aunque moría de ganas de saber cómo estaba. No volví a encontrar su mirada ganadora, aunque sé que sigue frecuentando antros a horarios de gimnasio y acosando rubias. Pero tengo la seguridad (o tal vez la esperanza) de que solo me lo contó a mí. Pero su fachada de chongo profesional ya no era la misma.
Moraleja: los hombres se enamoran, hasta los soretes cagadores.
jueves, 29 de septiembre de 2011
Dar es dar
[youtube http://www.youtube.com/watch?v=K9AhcY2M044&w=420&h=315]
Te das cuenta que sos linda cuando un chico te deja pasar primero en la puerta del banco. Te das cuenta que sos linda cuando te dejan sentarte a vos primero en el subte o colectivo, cuando cruzás miradas pícaras con alguien en la línea d, o la b o la c o el premetro. Te das cuenta que sos linda cuando te anotan en un papelito el número de teléfono y te lo da una moza. Te das cuenta que sos linda cuando un mozo te dice que sos linda y te invita una copa de vino. Te das cuenta que sos muy linda cuando vas caminando por la calle y se dan vuelta para verte y sentís chiflidos de lindura y otros adjetivos calificativos sobre tu belleza. Te das cuenta que sos linda cuando te encaran en un boliche, en un bar, en un after office. Cuando te regalan tragos, te dejan pasar gratis, te sacan fotos, solo por ser linda. Te das cuenta que sos linda cuando te regalan flores porque sí, cuando te mandan un sms de que sos linda. Te das cuenta que sos linda cuando te ponen “me gusta” en tus fotos más hot de Facebook, y en las otras también, pero siempre en las que estás sola. Te das cuenta que sos linda cuando te comentan que sos muy linda. Te das cuenta que sos linda cuando te agregan hombres potenciales candidatos con pocos amigos en común. Cuando te agregan por tu foto de perfil, definitivamente te das cuenta que sos linda. Cuando sentís que te quieren dar, te sentís linda y dable. Y cuando ves que como a vos, ese mismo agregó a 15 amigas en común.
Te das cuenta que todas son dables.
(Porque te olvidaste que los hombres le dan a cualquier cosa.)
Te das cuenta que sos linda cuando un chico te deja pasar primero en la puerta del banco. Te das cuenta que sos linda cuando te dejan sentarte a vos primero en el subte o colectivo, cuando cruzás miradas pícaras con alguien en la línea d, o la b o la c o el premetro. Te das cuenta que sos linda cuando te anotan en un papelito el número de teléfono y te lo da una moza. Te das cuenta que sos linda cuando un mozo te dice que sos linda y te invita una copa de vino. Te das cuenta que sos muy linda cuando vas caminando por la calle y se dan vuelta para verte y sentís chiflidos de lindura y otros adjetivos calificativos sobre tu belleza. Te das cuenta que sos linda cuando te encaran en un boliche, en un bar, en un after office. Cuando te regalan tragos, te dejan pasar gratis, te sacan fotos, solo por ser linda. Te das cuenta que sos linda cuando te regalan flores porque sí, cuando te mandan un sms de que sos linda. Te das cuenta que sos linda cuando te ponen “me gusta” en tus fotos más hot de Facebook, y en las otras también, pero siempre en las que estás sola. Te das cuenta que sos linda cuando te comentan que sos muy linda. Te das cuenta que sos linda cuando te agregan hombres potenciales candidatos con pocos amigos en común. Cuando te agregan por tu foto de perfil, definitivamente te das cuenta que sos linda. Cuando sentís que te quieren dar, te sentís linda y dable. Y cuando ves que como a vos, ese mismo agregó a 15 amigas en común.
Te das cuenta que todas son dables.
(Porque te olvidaste que los hombres le dan a cualquier cosa.)
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